18 de Octubre

Supongo que debe ser desesperante saber que estás enfermo y que lo que tienes puede llevarse tu vida en cuestión de horas, días, semanas, meses o años. La espera en sí misma debe ser una agonía interna de la que no tengo ni idea, por eso me pregunto ¿qué siente un enfermo terminal cuando sabe que sus días en la Tierra están contados? ¿Cómo actuar coherentemente? ¿Qué palabras escoger? ¿Cómo decirlo o enfrentarlo? De lo que estoy seguro es de lo que he visto: la reacción de los terceros, la frustración de sentirse con las manos atadas, querer y no poder, llorar y tirarse de los pelos, no poder pronunciar ni una palabra... Eso sí lo he visto, y destroza. Hace ya un año que Ángeles se fue, y aún miro su foto y me cuesta creerlo, quizá porque nunca lo haya hecho y simplemente piense que está de viaje. La curiosidad que me entra ahora es, ¿cómo se habrá sentido las semanas previas al 18 de octubre? Y no hablo físicamente sino mental, espiritualmente. Por un lado me aterra pensar en la desesperación que puede haber sentido y el sufrimiento interno al que estuvo sometida, por otro, me conforta -insólitamente, el hecho de que hasta los últimos segundos de esa mañana estuvo acompañada. Lo que es ser querido, amado, recordado por todos... Angie, donde quiera que estes, te mando un beso. Te quiero y te echo de menos.


1 comentarios:

Jonay dijo...

Se te echa de menos Angie. Mucho.